lunes, 13 de enero de 2014

deScoNciErTo

Hoy, un golpe de desconcierto me subyace,
por esos días, con su lenguaje, Magritte me animaba a entender choques conceptuales.

Una noche, mucha cebada en una barra, muchas palabras y miradas simbolizantes,
un beso precipitado y, después de varios actos, un baile de la sinfonía no. 22 de Haydn.
Luego, esa mirada.

Nada imperfecto, sólo mi escepticismo subyugante, mi rodilla que tintinea incrédula,
mi acostumbrada monotonía de ver el tiempo alisado durante tantos instantes,
mi incapacidad de ver el mar internarse en mi cuerpo cada noche,
mi ceguera ante las nubes del cielo en mi ojo.

Hay en mi semblante una Reproducción prohibida, me miro... de otra forma
con mirada surrealista, en oníricas acciones. Me veo a mi, en mí,
sólo que a través de esa mirada,
la que de nuevo aparecía en aquel baile de Haydn,
la que sigue apareciendo cada vez que despierto.



lunes, 16 de diciembre de 2013

pArA LunAiCa



Hoy me descubrí y apareció un adicto, un yo sometido a los caprichos del deseo: una vuelta de tuerca en el accidentado camino de mi voluntad. Y al mismo tiempo apareces tú: soberana, serena, inevitable; queriendo ocultar una belleza que se impone de tajo, sin vacilaciones. ¿Quién eres? ¿Qué ví en tu mirada impenetrable y náufraga? Cuando cierro los ojos apareces como la sobra de tu sombra; cuando los abro, también.
Estas palabras no tienen otra intención que sublimar esos deseos que se encajan en mi piel cada vez que te veo. No es la ambición de tenerte lo que me motiva a escribirte; es, antes que nada, un tributo a lo que me haces sentir.
A.S.


lunes, 18 de noviembre de 2013

aNunCiO


Me subasto, al fin que por fin he comprendido que no hay que comprarse tormentas, que si las hay, el abrigo te lo tejes tú mismo, a diario, con tus propios hilos y tu propio semblante. 
Me subasto para ir haciendo el camino, porque el recorrido y el camino son hoy siempre todavía, porque el tic-tac de este reloj me avisa que soy ese animal que mide constantemente su tiempo y que no tiene tiempo. Tic-tac, tic-tac, tic-tac...
Me subasto, no al mejor postor sino al peor, al que comprenda de añoranzas, emocionalidades intensas y desasosiegos bien vividos, al que se comprometa con existencialidades realistas y mares de neblina, al que conozca de fuegos Turneanos. 
Me subasto hoy, mañana quién sabe, porque en este ruedo de pensamiento itinerante no sé si mañana tenga ganas de salir a subastarme.
Subasto mi nombre, mi accionar y mi existencia sólo para compartirla. 
Nota: no se aceptan manifestaciones tórridas de egoísmo ni superhéroes existenciales (mucho menos entes normales)


martes, 8 de octubre de 2013

A loS arQuiteCtoS dE mi deStiNo




Él me enseñó que la indagación se persigue hasta tumbarla y robarle cada una de sus entrañas, que una vida sin el pestañeo cuestionador no tiene vida. Me enseñó a dudar, a observar con detenimiento,  a perseguir la respuesta de "algo" no importando la distracción que esto implique, es preciso apostarse hasta encontrarla, aun si has de absorberte en tus pensamientos y olvidarte del mundo. Me enseñó a preguntarle a mis sueños si eran verdaderos.
Desde entonces, persigo el minutero del reloj y lo comparo con el vibrante aleteo de los pájaros, con la falaz sombra de mis pies, con la cosificación de mi alma, con la absolutez de lo inmediato. Persigo lo que hay y lo que no hay.
Él me enseñó a hincarme ante lo asombroso, a fluir con el diario despliegue del mundo, me hizo ver las texturas que aun me falta conocer. Me mostró lo incognoscible, lo invisible e insondable, lo abismal del aire. Él me preguntó por la pregunta misma y me atravesó para siempre con su ojo apasionado de eterno aprendiz.


Ella me expulsó con vida y cuando se detuvo a hacerlo me dió entera la suya. Inmediatamente adquirí su gesto robusto, la fortaleza de su andar, su forma de decir lo que siente y cree, me mostró las técnicas del temple, la capacidad que guardaba mi cabeza para las ensoñaciones. Me mostró cómo se apoya una planta del pie en el suelo para no ser falaz, para que el mundo y tú crean en mi rostro y mis palabras.
Su enseñanza es siempre aprendizaje vivo, arremeter el cuerpo y la mente, estar, dialogar e intentar comprender desde la distancia y la cercanía. Reconsiderar, regresar, retener y enojarse si lo amerita la circunstancia. Gritar, ella me enseñó a gritar, tan necesario para vivir completa la condición humana que me subyace. Tuvo el tacto entonces para acercarme lentamente a la vivencia más directa de la libertad.
Me enseñó la hermosura de expandir los ojos asombrada al ver su propia alma levantarse diariamente sobre la debilidad física
Me enseñó a morir, digna, pausada, intensa y vivencialmente eterna.











jueves, 11 de julio de 2013





De aire sensible y articulaciones tiesas
candidato a perturbador de mis distintas piezas.
La nuca flaquea
el pecho se alza
el ojo truquea
la pelvis se abalanza.

miércoles, 22 de mayo de 2013

reFlexioNes soBrE eL eGoíSmO


En realidad sólo había dos personas en el mundo
a las que amaba ardientemente, una, su máximo adulador en turno,
y la otra, él mismo.
J. C. Lichtenberg


Escher, "Manos dibujando" (litografía, 1948.) 

Jamás entendí el acto del Egoísmo como ahora que me lo he topado de frente, tanto que me he puesto a indagarlo detenidamente, quizá intentando entender qué es, intentando analizarlo de manera más profunda y esencial. Cuando tuve  frente a mis sentidos, pasajes, modos, acciones, omisiones, etc. que no supe como interpretar, comencé por preguntar qué es esto, la desubicación espacio temporal y emocional fue por momentos desesperante. Son estos los momentos en los que nos atraviesa una pregunta humana, demasiado humana. Son estos los momentos cuando el asombro nos despoja, pero nos permite abogar por la lucidez. Entonces, sólo a veces, se nos revela el mundo, se nos desvela un concepto en toda su carnalidad actuante, en toda su manifestación concreta, se nos muestra el ser aconteciendo, al que habría que descifrar bajo los esfuerzos del buen Hermes. El concepto toma forma, contenido, acción, contexto e intención, deja de ser mero concepto para convertirse en vivencia.

De egoísmos tenemos un abanico: los hay psicológicos, morales, racionales, etc, incluso se habla de un egoísmo biológico, esto nos clarifica que el tema es amplio y muy debatible. ¿Acaso el egoísmo puede interpretarse como una falla moral? ¿o en qué sentido podemos decir que ser egoísta es malo o bueno, es decir, podríamos hacer una evaluación moral del egoísmo? ¿descubrimos el egoísmo en las acciones ajenas sólo cuando nos afecta en aspectos importantes de nuestra propia subjetividad? ¿Es el egoísmo un antivalor? A lo largo de la historia de las ideas éticas mucho se ha dicho sobre este asunto. Para Aristóteles el egoísmo no se trataba de amor propio sino de una pasión desordenada por uno mismo, por otro lado, también se ha mencionado, sistemáticamente por varios autores, que todos los seres humanos somos egoístas en mayor o menor medida (egoísmo psicológico), postura reconocible en Thomas Hobbes "el ser humano es egoísta por naturaleza". Para Adam Smith el egoísmo significaba un bien práctico, donde el bien de uno se convertía en el bien de todos, lo que para muchos es una interpretación falaz acerca del concepto. Para Schopenhauer, el único acto moral se traduce en la compasión, la capacidad de sentir "como" otro, el egoísmo es justo la ausencia de compasión. Sabemos de lo abundante del tema, esta reflexión nunca pretendería ser conclusiva, sólo alusiva.

Vivir el egoísmo de frente y de persona a persona, en un ámbito cotidiano supone que los intereses del ser egoísta siempre estarán primero. El ser egoísta posee la incapacidad de consideración hacia lo otro, no hay perspectiva que se amplíe si no es en función de un beneficio propio. Es decir, el ser egoísta siempre defenderá la máxima de su bien propio, a pesar de que no siempre logre obtener buenos resultados. Las necesidades de "los otros" se reducen a la nada, no existe el sufrimiento ajeno, no hay afecciones externas. Dicha ceguera hacia el prójimo podría traducirse en insensibilidad y/o en violencia.

No involucrarse con "todo" parecería sano dada la necesaria capacidad de desarrollar amor por lo propio,  de forma moderada, pero no ver al otro, o, no identificarlo, implica no lograr nunca ponerse en lugar de alguien más. Parecería que cuando el ser egoísta alcanza a identificar al "otro" suele verlo como un "otro" que significa conflicto, por lo que presurosamente le evadirá. El "otro" significa estrés, problema, confusión.  ¿No será que la fuerza que caracteriza al ser egoísta está en sus motivaciones y sus deseos, es decir, en todo aquello que tenga que ver consigo mismo?. Así, sólo si el "otro" sirve como un medio para alcanzar dichos deseos entrará en el juego, juego que se tornará autoritario, frío y calculado hacia los fines o provechos a obtener del mismo.

Aristóteles relaciona al egoísmo con una pasión desmedida, fuera del control racional. Dicha pasión desmedida se vincula con la incapacidad de mirar a "otros", la falta de medición se centra en ser incapaz de darte a ti mismo lo que es "mejor" para ti y aprender a vivir con los demás, esta es, dice Aristóteles, la mejor manera de ejercer la virtud, mediante el justo medio en la acción.

Cuando coloquialmente decimos que "todo el mundo gira alrededor de alguien" queremos decir de "ese alguien" que es egoísta, narciscista, que posee un mundo cerrado y aislado de todo lo demás pero que, a la vez, gira en torno a él. De aquí, la notoria contradiccción de Narciso: soy yo lo más importante, pero necesito un mundo (espejo) que me refleje, pues sin el mundo no habría lugar para ejercer la comparación con lo "otro".

El tema no se agota, el egoísmo forma parte de esa larga lista de aspectos que podríamos seguir reflexionando para desentrañar algo más acerca de nuestra condición humana. ¿Qué pensar, qué descifrar, qué sentir cuándo te atraviesa la flecha del egoísmo?

martes, 30 de abril de 2013

aManeCe