lunes, 27 de diciembre de 2010

guaRida

Hay una celebridad cantando a la noche
el augurio del desliz de un pez en mi entrepierna.
Hay una vivencia de manos largas tocándome,
que tiene un aviso entre los dedos.
Tengo aquí el exceso de la posibilidad.
Soy un párpado cerrado al mundo,
la perfecta guarida de un vagabundo sin pies

jueves, 16 de diciembre de 2010

1, 2, 3, 4, 5, 6...




El tiempo tiene en la frente la febrilidad de aquel que camina y no sabe por qué. Vive la longitud del segundo, transita la brevedad del instante. Vive la lucidez, nunca duerme. No sabe dormir.

viernes, 19 de noviembre de 2010

El poeta pone nombre a las cosas aunque sabe que hay cosas innombrables. Tiene que convertir el murmullo que escucha en su cabeza en una mancha de tinta sucesiva. El poeta no puede vivir con la hinchazón de sucesos que lo oprimen, los explota conviertiéndolos en letras. El poeta no busca verdades, sólo las imagina, no se detiene en la necedad sino en los instantes. El poeta no puede con esa espalda de la que le brotan flores, melancolías o desaires. El poeta no puede dormir si antes no ha visto al mar internarse en su cuerpo, no puede despertar si antes no sueña que despierta y ve el despegue de un aleteo de ave.
El poeta se desgarra y se tranquiliza cuando un sueño le quita el sueño, el poeta muere y revive cuando siente venir un tumulto de silencios o de voces que han de convertirse en su poesía.

lunes, 8 de noviembre de 2010

insOmniO

La noche tiene a la luna en la memoria,
por eso no puede dormir.

martes, 26 de octubre de 2010

meNsaJes


En mi voz se ha acurrucado un largo silencio,
para hablarme de las últimas noticias,
para describirme lo no dicho y lo que
perturba sin manifestarse.

Por temporadas,
viene a vivir la sordera a mi escucha
y juego a percibir sólo lo que yo quiero
y escucho al azul, al dulce y a lo liso.


viernes, 8 de octubre de 2010

inCerTidumbreS


Tal vez sea que en mi mano ha reencarnado un nido de hormigas, lo que ha vuelto a mi cabeza una flama gigante.
O tal vez haber recordado mi nombre sea lo que hace a mi párpado abrirse enorme para hundir la mirada en el mundo.
Qué tal si mis pies descubrieron que podían andar aun a falta de huesos, carne o pisadas.
Tal vez sólo sea que aquí afuera sigue lloviendo y yo, como siempre, he olvidado mi paraguas.

lunes, 27 de septiembre de 2010


No hay cimiento
ni en el alma ni en el viento

Antonio Machado


La conciencia del tiempo hace ruido, ronronea, zumba. El reloj nos anima pero nos obsesiona, nos concientiza del paso hacia la muerte. Juan de Mairena aludía frecuentemente a los relojes, decía: el hombre es el animal que mide su tiempo y no sólo lo mide, lo intenta alargar, detener y bifurcar para alzanzar lo eterno. Juan de Mairena decía a sus alumnos que el hombre no hubiera inventado el reloj si no supiera de la muerte.

La fabricación de relojes, tan minuciosa y perfecta nos muestra otra postura del ser humano ante la mortalidad. El reloj es ese objeto capaz de trivializarnos el tiempo ante la angustia de la muerte. ¿Acaso detenerlo nos reconfortaría un poco?