miércoles, 19 de mayo de 2010

priMer moVimiEntO y ÚltimO

Escuché el sonido de un fruto cayendo,
entonces descubrí el secreto del silencio,
descubrí que la magia del agua
no está en su transparencia
esta en su primer y último movimiento,
húmedo y único.

Así, lo perturbador está en la piel
que cubre tu cuerpo intangible,
los signos son las intuiciones
que me hicieron inhalarte
y no pretender exhalarte jamás.

domingo, 16 de mayo de 2010

SeñalEs

En el aire está la señal,
tus signos me circundan,
recorro la ruta del ave,
despierto con la pasividad de un árbol viejo.
Soy: estas

miércoles, 12 de mayo de 2010

DespUés...

De la calma después viene la tormenta
viene la calma después de la tormenta
la tormenta viene de la calma después
la calma viene de la tormenta después
después viene la calma de la tormenta
tormenta calma viene despues de la la...

domingo, 18 de abril de 2010

RupturA



Crujido que deja pasar una luminosidad que había olvidado en alguno de mis paseos. No se cuándo perdí el tacto para avistar y desentrañar los hechos. Pensaba que la mentira vivía muy lejos. Mejor, me alojé en la fe, me llevó la corriente porque creí que la verdad existía. Ya es tiempo de desplazar el párpado para mirar, ya es tiempo de oir restallar la memoria. Que todo se quiebre, que algo termine. Que la fractura devenga en un río nuevo y en agua fresca.

domingo, 21 de febrero de 2010

PasaDo, preSente, fuTurO

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar a la mar
que es el morir.
Jorge Manrique
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Me tengo a mí y al aire que ventila las ideas que hoy he puesto a secar. Hoy no quiero que me atraviese el pasado pero sí que perviva la memoria. Brindo por lo que ha sucedido, por lo que me mató, por la mentira desmentida, por el proceso que implica vivir, por el falso andar, por la tristeza acogida, por la sonrisa y por mi alegría, sin los que el presente de mi pasado hubiese nacido muerto.
Mi regla para lo de hoy es no tener regla, si he sido asá, hoy no lo soy. No creo en las esencias. Pertenezco, como Heráclito, al cambio, a la transformación y a la contrariedad. Me gusta la arena movediza, la cotidianidad con la que el azar suele dejarme perpleja. Hoy es siempre todavía.
La libertad es el semblante del devenir, no puedo imaginar lo que vendrá si no le antecede una serie de acciones libres, aun ante la fortuna y el azar el futuro es un efecto de mis actos. Aquí, hago un llamado al silencio. El futuro es una de esas cosas de las que no se puede hablar y ante las que es mejor callar.
Soy manantial, río y mar.
Soy, en cada momento, infancia, juventud y vejez.

martes, 16 de febrero de 2010

Libertad y prójimO



(TERCERA Y ÚLTIMA ENTREGA)





Sartre ha dicho:

“La acción decide acerca de sus fines y de sus móviles y esa es la expresión de la libertad”[1]

Obvio, Mi estudiante tiene sus propios fines, fines que no son los míos. Su acto de no denunciar y permanecer en donde está es un acto de libertad. Esto esclarece la idea de Sartre cuando dice que no hay una libertad común “a lo otro y a mí”. La libertad carece de esencia. De nuevo afirmo la obviedad, los móviles y los fines del “otro” no son los míos. Lo que sucede tal vez es que al buscar de manera individual, la libertad como un fin, deseamos esa libertad como fin para todos los demás.

Soy para la estudiante de la que hablo, lo otro, la alteridad, la que sólo con mirar los golpes en su cara, le muestra algo, la enjuicia, la valora, etc.
En estos casos, a veces sin pretenderlo, uno se convierte en esa brújula o indicador de fines para el otro, yo al menos esperaría serlo para Marina, quizá ese indicador que le permita tomar distancia de su situación y la mire desde otra persectiva.

En la situación que plantea este texto así como en cada acto del ser humano, se ha manifestado la libertad, por lo que haciendo uso de esta misma y en un acto hermenéutico diría que bajo el ojo sartreano no puedo intentar “ponerme en los zapatos del otro”, valga la expresión cotidiana, sino que “desde mis zapatos” entender por qué el otro actúa de la forma en que lo hace o al menos enterarme de que hay móviles y fines totalmente distintos a los míos que fundamentan los actos ajenos. Quizá entonces entienda que hay móviles que fundamentan el acto de Marina de “no hacer nada”, aunque en ese acto de “no hacer” ya este inscrito su acto de libertad.


[1] Sartre, El Ser y la nada, p.

domingo, 24 de enero de 2010

Desde el ojo de Sartre: libertad y prójimo




(SEGUNDA ENTREGA)

Sartre compara el mundo con la lengua, la cual parecería que ya esta hecha y determinada, nos damos cuenta de que no es así cuando la usamos, sabemos de su constante cambio, sabemos que las palabras necesitan de un contexto y necesitan integrarse. Así, el mundo que se me opone cobra un sentido distinto desde y para mí, es decir, no se opone en el mismo nivel a mí que a otro.
Así como el lenguaje no se hablaría solo, las técnicas no existen por sí mismas, necesitan del actor. Las significaciones necesitan ser accionadas, es aquí donde aparece el acto, la elección, la libertad. Yo se de la técnica del habla, pero yo elijo qué hablo, cómo, a quién, para qué etc.
Ese mundo establecido tiene que ver también con las diversas “situaciones falsas”, de las que Sartre tiene muchos ejemplos en sus obras literarias. Una situación es falsa, si no es asimilada. El mundo dado está vacío si no actúo en él. El prójimo se configura como dador de reglas que no obedecen a mi proyecto personal, cómo habrían de hacerlo si yo no las hice, por lo tanto, me subordino en -alguna medida- a lo que “ya estaba puesto”, a la circunstancia.
El para-sí elige entre algunas significaciones ya dadas que el no eligió, por qué, porque el mundo se compone de otros para síes. Aunque el para sí surja en un mundo ya mirado esto no le quita libertad, sino que dentro de ese mundo ya mirado, dentro de ese mundo con el rostro de otros para-síes, está sentenciado a elegir. Esto es la elección dentro de la circunstancia. Como vemos, el otro, se vuelve una brújula, un indicador de fines, el otro es un constante revelador de lo dado. Pero a la vez, cuando uno actúa no ve en las técnicas, es decir, en lo dado, sino un fin individual. Sartre nos dice que los mecanismos que mueven estos actos individuales se convierten en reglas universales, así, las técnicas se historializan , pero esta historialización no detiene a la libertad sino que es parte de su mecanismo. La libertad sigue en juego en ese mundo “ya formado”. Sartre afirma: “Ser libre no es elegir el mundo histórico en que se surge sino elegirse en el mundo”[1]
Me interrumpo un momento: ¿y Marina? Marina -me enteré tiempo después- “eligió” no denunciar, eligió aceptar la violencia diaria, eligió perdonar a su esposo ¿preguntémonos ahora, qué en el mundo de Marina ya era circunstancia? o ¿qué cree ella que ya es su circunstancia? Marina asume que su situación está dada. Algunas técnicas la rodean, su historia familiar dice que no debe divorciarse, que eso que le sucede es “normal”, que debe "cargar su cruz", que su circunstancia “es así”.
Pongamos el énfasis ahora en el para sí y el otro. Veamos que “el otro” tiene determinaciones sobre el para sí que el para sí no ha elegido. Marina es para su esposo “tonta”, “es mujer”, "es inútil", etc. Determinaciones que Marina no ha elegido. Pero en el contexto de Marina “ser mujer” tiene un sentido de inferioridad, ella lo cree, es parte de lo que ha aprehendido durante toda su vida. ¿Qué sucede? que cuando nos enfrentamos a una técnica colectiva, esta cobra sentido sólo sobre el fundamento de nuestra elección. ¿De qué hablo? de que quizá alguna otra mujer en un contexto muy distinto al de Marina no le concederá peso a una expresión como “eres tonta” , es una determinación vacía, pero como he dicho, Marina sí se asume como tal, por lo tanto esas determinaciones que vienen del “otro” adquieren sentido en Marina, no son vacías.
Marina ve como parte del mundo, de lo dado, de lo ya configurado, su papel, un papel que está historializado y que ella lo cree regla universal. Ahora, su libertad sigue estando en juego, Marina sigue eligiendo, elige dentro de lo que ella considera circunstancial: “ser mujer significa sufrir”. Marina se elige en el mundo, se elige sin sobrepasar su circunstancia que cree que es estática, inmóvil, lo que ella decide es asumirla. ¿No podríamos preguntar por que no actúa? porque actúa, aun dentro del mundo que se le impone, lo que sí podríamos decir es que ella no ha tomado distancia de su situación, no tiene otra perspectiva que la de sus acciones concretas. Si ella lo hiciera, si se viera desde otra perspectiva a sí misma, vislumbraríamos lo que es el proyecto de un para sí hacia algo que no es. Hasta aquí, Marina esta en el simple padecer de lo que es. Para poder ver la perspectiva desde otro ángulo, tendría que afirmar su situación y hacer de ésta el móvil de su acción. ¿Cómo pensar que Marina arroje luz sobre su propia situación?

[1] Sartre, J.P., El ser y la nada, p. 545.